La historiografía cinéfila dice que en el Festival de Cannes de 1959 dos filmes cambiaron para siempre el devenir del séptimo arte: Los 400 golpes y Sin aliento. Los iracundos ex críticos Francois Truffaut y Jean-Luc Godard estrenaron sus primeros largos y el concepto Nueva ola se empezó a definir. Al poco tiempo, una marea que incluyó a Eric Rohmer (El signo del León) y Alain Resnais (Hiroshima Mon amour), dio cuenta de un movimiento que más parecía un cisma que atacaba con furia los anquisolados cimientos del “cinema de qualité”, el viejo cine francés de Autant-Lara e Ives Allegret.
Esa es la historia conocida, pero no la única. Conciente de que la historiografía muta y evoluciona dependiendo de los ojos que la observan, la primera piedra la lanzó la Cinemateca Australiana, quien entre agosto y diciembre del año pasado, organizó una monumental retrospectiva titulada Breathless: french new wave turns 50, donde festejaba el medio siglo del movimiento moderno más perdurable y radical de la historia. El por qué ubicaba al 2007 como el año de los festejos se basaba en dos argumentos: la realización del cortometraje Les mistons, de Francois Truffaut, en 1957, y la publicación del reportaje en entregas La nouvelle vague (octubre-diciembre del 57), en el semanario L’Express, donde Francois Giroud hacía un estudio de la juventud francesa de la época.
La retrospectiva fue monumental, con más de 150 filmes escogidos en cuatro secciones paralelas para entender la complejidad de un fenómeno que se nutrió del mayo 68 tanto como de las revoluciones de esa década y del neorrealismo italiano de post guerra. Para los australianos, el corto de Truffaut es clave: su frescura, ruptura con la tradición narrativa y lozanía, era una bocanada de aire fresco del que el cine galo carecía. Échenle una mirada.
Pero la fecha no logra un consenso claro. La revista Senses of Cinema trae en su edición 46 un dossier sobre la Nouvelle Vague y ubica como punto de partida un artículo de Pierre Billard en la revista Cinéma 58, donde por primera vez se utiliza el nombre en un movimiento cinematográfico específico. Además, es el año en que se ruedan los dos primeros largos: El bello Sergio de Claude Chabrol y París nos pertenece, de Jaques Rivette (que se estrenó en 1960), y coincide con el inicio de la V República, gobernada por Charles de Gaulle. Y por si fuera poco, es el año de la muerte de André Bazin, el crítico e ideólogo fundamental de estos angry young men del otro lado del Canal de la Mancha.
La polémica está lanzada y que cada uno escoja su fecha para celebrar. Aquí la segunda parte de Le mistons.

¿Qué tal es Paris nos pertenece?
Me interesa y no he tenido la oportunidad de verla…